Comentario Bíblico

Todas las entradas en Comentario Bíblico

DOMINGO XXV DURANTE EL AÑO

Palabra domingo XXV durante el año
ADENTRÁNDONOS EN LA PALABRA

Mc 9, 30-37.

Les compartimos una reflexión del Papa Francisco que nos ayuda a profundizar la Palabra.
Nosotros somos el tiempo de la acción, tiempo para sacar provecho de los dones de Dios, no para nosotros mismos, sino para Él, para la Iglesia, para los otros, tiempo para tratar siempre de hacer crecer el bien en el mundo. Y sobre todo hoy, en este tiempo de crisis, es importante no encerrarse en sí mismos, enterrando el propio talento, las propias riquezas espirituales, intelectuales, materiales, todo lo que el Señor nos ha dado, sino abrirse, ser solidarios, tener cuidado de los demás.
En la plaza, he visto que hay muchos jóvenes. ¿Es verdad esto? ¿Hay muchos jóvenes? ¿Dónde están? A ustedes, que están en el comienzo del camino de la vida, pregunto: ¿Han pensado en los talentos que Dios les ha dado? ¿Han pensado en cómo se pueden poner al servicio de los demás? ¡No entierren los talentos! Apuesten por grandes ideales, los ideales que agrandan el corazón, aquellos ideales de servicio que harán fructíferos sus talentos.
La vida no se nos ha dado para que la conservemos celosamente para nosotros mismos, sino que se nos ha dado, para que la donemos. ¡Queridos jóvenes, tengan un corazón grande! ¡No tengan miedo de soñar cosas grandes!

Hna. Mariana Zossi
Licenciada en Sagradas Escrituras

11218957_609488292487053_529022469277403735_n

DOMINGO XXIII DURANTE EL AÑO

ADENTRÁNDONOS EN LA PALABRA

Marcos 7, 31-37

Se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él. El, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: «Effatá», que quiere decir: «¡Abrete!» Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente. Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban. Y se maravillaban sobremanera y decían «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos».
Meditación del Papa Francisco
Pensemos en los muchos que Jesús ha querido encontrar, sobre todo, personas afectadas por la enfermedad y la discapacidad, para sanarles y devolverles su dignidad plena. Es muy importante que justo estas personas se conviertan en testigos de una nueva actitud, que podemos llamar cultura del encuentro […] Aquí están las dos culturas opuestas. La cultura del encuentro y la cultura de la exclusión, la cultura del prejuicio, porque se perjudica y se excluye. La persona enferma y discapacitada, precisamente a partir de su fragilidad, de su límite, puede llegar a ser testigo del encuentro: el encuentro con Jesús, que abre a la vida y a la fe, y el encuentro con los demás, con la comunidad. En efecto, sólo quien reconoce la propia fragilidad, el propio límite puede construir relaciones fraternas y solidarias, en la Iglesia y en la sociedad.
Oración
Padre Santo, soy sordo cuando no oigo las necesidades de los demás, cuando no busco entender su punto de vista. Soy mudo cuando no pronuncio palabras llenas de compasión sino de crítica, por eso confío en que esta meditación, y mi esfuerzo permanente por crecer en mi vida de oración, me ayude a curar esas malas acciones que me apartan de ser un auténtico testigo de tu amor.

11221345_601080159994533_260607663070472955_n

La Palabra del DOMINGO XIX DURANTE EL AÑO

ADENTRÁNDONOS EN LA PALABRA

1 R 19, 4-8; Ef. 4, 30 – 5, 2; Jn 6, 41-51.

Desde el comienzo del “Ciclo de Elías” en el capítulo 17 de Primer Libro de Reyes, las acciones del profeta están vinculadas a comidas y bebidas: beberá del torrente y los cuervos le llevarán pan (17, 4), realizará milagros en casa de una viuda que le preparará pan (17, 7 ss.), siguiendo con el episodio en el desierto que leemos hoy. Todo eso en el contexto en el que “el hambre se había apoderado de Samaría” (18, 2). La sequía azotaba la región y el Libro de Reyes lo explica claramente como una señal de Yahvé frente a un pueblo que rinde culto a otros dioses. Elías con su palabra y sus acciones proféticas quiere dar testimonio del único Dios, el va caminando rumbo al Horeb, el lugar de la alianza de Yahvé con su pueblo.
“Levántate y come, porque el camino es demasiado largo para ti” (19, 7) le dice el ángel, y este cansancio del camino en el desierto nos remite a tantos cansancios que podemos experimentar en el camino de la vida, nuestras propias fragilidades y angustias, las de tantas familias y comunidades que sufren por diversos motivos. Necesitamos alimentarnos con ese pan y recibir la fuerza de esa comida, reconocer tantos signos de la presencia, a veces silenciosa, de Dios en medio de nosotros.
En el evangelio de Juan el discurso del pan de vida se enmarca dentro de las confrontaciones permanentes de Jesús con sus interlocutores, la crisis que la presencia de Jesús provoca atraviesa todo el evangelio. Por eso leemos que murmuraban contra él, preguntándose sobre su madre y su padre, conocidos por todos ellos. “¿Cómo puede decir ahora: he bajado del cielo?”(6, 42).
Es interesante observar los verbos que utiliza Jesús en su respuesta: “atrae”, “escuchar”, “aprender”, “venir” a él; desde allí se conectan con el “ver” y “creer” en el Padre y en Jesús. De alguna manera estas palabras describen también el amor apasionado de Jesús y del Padre por la humanidad, ese mismo amor que lo llevará a entregar su vida. Entrega realizada confrontando los poderes de su época, testimoniando el amor del Padre por los más pequeños, los abandonados, ninguneados por el sistema religioso y político.
A esa entrega concretada en la Pasión se refieren estos versículos que leemos hoy. Por eso la dinámica propia del seguimiento de Jesús implica entrar en la pasión con él, apasionarse por lo que él se apasionó, dando la vida en ello. La eucaristía es signo de esa entrega y pasión, es el alimento que nos da fuerzas en el camino. Pena que muchas veces confundimos las cosas, haciendo de la celebración eucarística una obligación, un requisito que nos exime de una verdadera entrega, un ritual vacío.
Quiero compartir un párrafo que nuestro hermano dominico Brian Pierce cita en su libro “Caminando juntos”: “hace varios años la Madre Teresa de Calcuta contó la historia de una religiosa joven que volvió un día por la tarde al convento, luego de haber pasado todo el día cuidando a los pobres en las calles de Calcuta. “El rostro de la hermana estaba radiante, lleno de luz-dijo la Madre Teresa-y le pregunté en donde había estado”. La joven religiosa le contestó:”he estado tocando el cuerpo de Cristo”. Cuando la Madre Teresa le pidió que le explicara lo que quería decir, la hermana le relató que había estado limpiando y lavando las llagas de un hombre que había encontrado en las calles y cuyo cuerpo estaba cubierto de gusanos. “Durante tres horas-repitió la hermana- he estado tocando el cuerpo de Cristo”. Ella había comprendido que Cristo vive hoy, y uno de los lugares en donde vemos y tocamos su cuerpo es entre los pobres”.
Los textos de este domingo nos invitan a reconocer este cuerpo de Cristo en nuestras/os hermanas/os más dolientes, a procurar la justicia y el pan para todas/os, a repensar nuestra vida y nuestras opciones de cara a esta Pasión de Jesús: que nadie quede excluido/a de la mesa de la Vida. Que ese desafío esté presente en la vivencia de nuestras eucaristías y también en este día de compromiso ciudadano para Argentina.

Hna. Leticia Batista
Bachiller en Ciencias Bíblicas

LA PALABRA DEL DOMINGO: Domingo XVII durante el año

comentario biblicoII Re 4,42-44; Sal 144; Ef 4,1-6; Jn 6, 1-15

Adentrándonos en la Palabra

Con Jesús mirar y actuar desde la abundancia de la vida
El evangelio de este domingo nos invita a detenernos a revisar las perspectivas, las lógicas y los roles con los que construimos el mundo. El mundo en que vivimos está atravesado por grandes contradicciones. Por ejemplo, la evolución de nuestra civilización permitiría acabar con el hambre en el planeta. Sin embargo, el sistema neoliberal capitalista instalado casi como única forma de vida, hace que mientras unos pocos viven y nadan en la abundancia de bienes y oportunidades para creer y desarrollarse, inmensas mayorías en cada continente viven en la estreches y la carencia: esclavitud y sometimiento, hambre, desnutrición y muerte prematura. La lógica de la mezquindad de los grupos económicos y financieros que controlan la economía mundial les permite saciar su ambición de tener y controlar para poseer más y más a cualquier precio. Las discípulas y discípulos de Jesús no podemos ni aceptar ni ser cómplices de esta realidad sin comprometernos a hacer un cambio. Siendo hijos e hijas del Dios de la Vida nuestra identidad tiene como rasgo de familia la abundancia, la hermandad, la solidaridad.
En tiempos de Jesús, salvando las distancias históricas y culturales, también existía el contraste entre la abundancia de unos pocos y la estreches para muchos. La tierra que Dios eligió para habitar en la historia era, en ese entonces, una colonia periférica en el vasto imperio romano. En un país ocupado y sometido, con altos impuestos para las familias, con las enfermedades y los sufrimientos propios de los contextos de empobrecimiento Jesús puso en marcha un movimiento de vida en abundancia para el pueblo empobrecido al que ningún poder humano ha podido frenar del todo.
El relato de la multiplicación de los panes busca transmitir esta presencia transformadora de Dios encarnado en Jesús. En esas coordenadas de estrechez y abundancia el profeta de Nazaret supo abrir un horizonte de esperanza y hermandad solidaria. Abrió puertas para ver y actuar desde otras lógicas.
Mirando más de cerca el texto, lo vemos actuar y encender la esperanza en una coyuntura difícil. En la tradición del evangelio de Juan fue en un día cercano a la fiesta de la pascua judía a orillas del mar de Tiberíades en que Jesús vio a la muchedumbre hambrienta y les dio de comer. Pero antes de hacerlo, como un maestro o líder que aprovecha la ocasión para formar a sus discípulos, les pregunta cómo podría hacer eso. Jesús sabía que había una solución pero quería sondear la mirada de ellos. Felipe y Andrés están demasiado apegados a una mirada de estreches. Solamente ven el contraste: mucha gente con hambre, pocos recursos. A penas doscientas monedas que no alcanzan dice Felipe; unos cinco panes y dos peces recuenta Andrés. Ambos miran el vaso medio vacío. En cambio Jesús ve el vaso medio lleno y se pone a actuar. Bendice y agradece los panes y los peces y los reparte él mismo. Y al terminar la comida ordena recoger lo que ha sobrado. En la lógica de la abundancia siempre “alcanza y sobra” como dice la sabiduría popular.
Tal vez tengamos la impresión que la belleza sencilla y sobria y la potencia transformadora de este milagro también hace contraste con la realidad que describimos al iniciar la reflexión. Quizás, nosotros, ante tantas dificultades y problemas para la lucha cotidiana sigamos sintiéndonos más identificados son Felipe y Andrés. Posiblemente pensemos que poner fin al hambre del mundo es responsabilidad de los jefes de las naciones, los presidentes de las grandes corporaciones y organizaciones mundiales, los ministros de economía y las ONGs. Sin duda que esto es así. Pero si consideramos que este relato presenta a Jesús realizando los roles del padre y la madre en los ritos de las fiestas, tal vez, podamos encontrar nuestro lugar, por pequeño que sea, en este dinamismo de abundancia que estamos llamados a continuar o a poner en marcha.
En los rituales de las comidas, el padre era el encargado de hacer la acción de gracias y la bendición y la madre la encargada de repartir los alimentos. Jesús pone el cuerpo a ambas responsabilidades haciéndonos un guiño para animarnos a dar estos pasos. Al agradecer y bendecir a Dios los bienes que nos concede nos reconocemos primero receptores para recién entonces administrarlos y distribuirlos como hermanos unos de otros. La abundancia fluye en el flujo y reflujo del recibir y dar, dar y recibir, haciendo circular la vida que nos ha sido dada.
La abundancia a la que Jesús nos invita despliega las lógicas que aprendemos al nacer en una familia: primero saber recibir y agradecer lo recibido como regalo: la vida y todos sus dones. Luego expandir y compartir lo recibido desde la lógica de la hermandad.
En la eucaristía celebramos y ritualizamos todos estos sentidos en toro a la mesa de la abundancia de la vida.
¿Qué pasaría si desde la familia hasta la empresa jugáramos estos roles con estas lógicas? ¿Cómo sería la vida cotidiana y sus luchas si miráramos el vaso siempre medio lleno de agua? ¿Cómo sería el mundo si viviéramos en clave de abundancia y hermandad solidaria? Está en nosotros, en nuestras relaciones cotidianas hacer una revolución cultural para que este mundo sea un lugar de vida para todos los seres que lo pueblan según cada una de sus formas.

Hna. Graciela Dibo OP
Lic. en Teología
con especialidad en Sagrada Escritura

La Palabra del Domingo 14 de Junio

cosecha

LA PALABRA DEL DOMINGO: Domingo XI durante el año

No olvides que el día y la hora,
crece desde el pie,
después de la noche, la aurora
crece desde el pie,
crece desde el pueblo el futuro,
crece desde el pie.

 Ez 17, 22-24 / Sal 91 / 2 Co 5, 6-10 / Mc 4, 26-34

El capítulo 17 del Libro del profeta Ezequiel nos presenta un mensaje en forma de alegoría: la del águila y el cedro. Vale la pena detenernos a leer y meditar los textos de este domingo con una actitud de contemplación. De la misma manera el salmo 91 y el evangelio utilizan el lenguaje simbólico vinculado a la vida de la naturaleza, para hablarnos del Reino. Esto nos involucra de una manera distinta como [email protected], porque necesitamos entrar en la lógica de la naturaleza: sus ritmos, tiempos, procesos, muy distintos a nuestro estilo de vida urbana.

Ezequiel vive la época del destierro y transmite su mensaje a través de símbolos (como la mayoría de los profetas) para mover el corazón de sus oyentes, atribulados y abatidos. Si podemos leer todo el capítulo 17 veremos cómo utiliza toda clase de imágenes referidas a la naturaleza: las plantas, árboles y animales son descriptos con detalle, no faltan adjetivos ni expresiones de movimiento, se habla del agua y el cuidado que necesitan estos seres vivientes. Los textos dejan entrever al profeta como poeta y su discurso atravesado por la mística y la pasión de quien quiere poner en contacto a sus oyentes con el misterio del Reino.

Si bien en los versículos primeros la alegoría parece referirse a Babilonia y Egipto, en los versículos que leemos hoy más bien se habla de un tiempo futuro mejor, de restauración mesiánica.

Desde el salmo 91 podemos seguir disfrutando
de este lenguaje poético y dejarnos interpelar
por sus imágenes: se nos habla de florecer,
crecer, de estar plantados y dar flores,
de producir frutos…de estar lozanos y frondosos.

En el evangelio de Marcos la parábola nos habla de que Reino de Dios es como una persona que va sembrando…de nuevo se describe el proceso de la siembra, del crecimiento, paso a paso. Lo peculiar de esta parábola es el acento en el crecimiento de la planta: no importa que la persona que siembra duerma o esté despierta, sea de noche o de día, “sin que él sepa cómo”, “el grano brota y crece” (v.27).

Leyendo estos textos vienen a mí muchos recuerdos de la vida de las familias campesinas del Departamento Guasayán, en Santiago del Estero y también del sur andino, de Ilave y Puno: su relación entrañable con la tierra, con los animales, con todo lo creado. De hecho leer estos textos junto a estas familias encontraríamos muchísimos significados más de los que [email protected], [email protected] en nuestras culturas urbanas, podemos encontrar. Pero el acercamiento a sus culturas nos permite descubrir por un lado, que el Reino de Dios requiere de estos procesos, de los cuales la naturaleza es maestra: echar la semilla, esperar el tiempo, encontrar el ritmo, dejar que actúen los abonos naturales, dejar crecer, entre otros. Quizás podríamos traducirlos por entrar, recibir, esperar, trabajar para buscar ese Reino cada día, personalmente y junto a [email protected] [email protected] Seguramente eso nos requerirá paciencia, diálogo, discernimiento, para esperar ritmos y procesos de [email protected] [email protected] y nuestros, para comprender, para aprender a actuar [email protected]

Los textos nos repiten por otro lado que en los árboles plantados “habitarán toda clase de pájaros” (Ez 17, 23). Aún desde el pequeño grano de mostaza que echa ramas tan grandes que “las aves del cielo anidan a su sombra” (Mc 4, 32). Eso es el Reino: ese espacio de vida, justicia y libertad, de salud integral y de paz que Dios nos ofrece donde nadie puede quedar excluid@ y que [email protected] vamos reconociendo a tientas, descubriendo, gestando junto a [email protected], recibiendo muchas veces y soñando también. Junto a frustraciones, desencantos, injusticias e impotencias que sufrimos y vemos sufrir, ese Reino está, existe, sigue creciendo, sin que sepamos cómo.

LA PALABRA DEL DOMINGO: Domingo XI durante el año

No olvides que el día y la hora,
crece desde el pie,
después de la noche, la aurora
crece desde el pie,
crece desde el pueblo el futuro,
crece desde el pie.

Ez 17, 22-24 / Sal 91 / 2 Co 5, 6-10 / Mc 4, 26-34

El capítulo 17 del Libro del profeta Ezequiel nos presenta un mensaje en forma de alegoría: la del águila y el cedro. Vale la pena detenernos a leer y meditar los textos de este domingo con una actitud de contemplación. De la misma manera el salmo 91 y el evangelio utilizan el lenguaje simbólico vinculado a la vida de la naturaleza, para hablarnos del Reino. Esto nos involucra de una manera distinta como [email protected], porque necesitamos entrar en la lógica de la naturaleza: sus ritmos, tiempos, procesos, muy distintos a nuestro estilo de vida urbana.

Ezequiel vive la época del destierro y transmite su mensaje a través de símbolos (como la mayoría de los profetas) para mover el corazón de sus oyentes, atribulados y abatidos. Si podemos leer todo el capítulo 17 veremos cómo utiliza toda clase de imágenes referidas a la naturaleza: las plantas, árboles y animales son descriptos con detalle, no faltan adjetivos ni expresiones de movimiento, se habla del agua y el cuidado que necesitan estos seres vivientes. Los textos dejan entrever al profeta como poeta y su discurso atravesado por la mística y la pasión de quien quiere poner en contacto a sus oyentes con el misterio del Reino.

Si bien en los versículos primeros la alegoría parece referirse a Babilonia y Egipto, en los versículos que leemos hoy más bien se habla de un tiempo futuro mejor, de restauración mesiánica.

flores

Desde el salmo 91 podemos seguir disfrutando

de este lenguaje poético y dejarnos interpelar

por sus imágenes: se nos habla de florecer,

crecer, de estar plantados y dar flores,

de producir frutos…de estar lozanos y frondosos.

En el evangelio de Marcos la parábola nos habla de que Reino de Dios es como una persona que va sembrando…de nuevo se describe el proceso de la siembra, del crecimiento, paso a paso. Lo peculiar de esta parábola es el acento en el crecimiento de la planta: no importa que la persona que siembra duerma o esté despierta, sea de noche o de día, “sin que él sepa cómo”, “el grano brota y crece” (v.27).

Leyendo estos textos vienen a mí muchos recuerdos de la vida de las familias campesinas del Departamento Guasayán, en Santiago del Estero y también del sur andino, de Ilave y Puno: su relación entrañable con la tierra, con los animales, con todo lo creado. De hecho leer estos textos junto a estas familias encontraríamos muchísimos significados más de los que [email protected], [email protected] en nuestras culturas urbanas, podemos encontrar. Pero el acercamiento a sus culturas nos permite descubrir por un lado, que el Reino de Dios requiere de estos procesos, de los cuales la naturaleza es maestra: echar la semilla, esperar el tiempo, encontrar el ritmo, dejar que actúen los abonos naturales, dejar crecer, entre otros. Quizás podríamos traducirlos por entrar, recibir, esperar, trabajar para buscar ese Reino cada día, personalmente y junto a [email protected] [email protected] Seguramente eso nos requerirá paciencia, diálogo, discernimiento, para esperar ritmos y procesos de [email protected] [email protected] y nuestros, para comprender, para aprender a actuar [email protected]

siembra

Los textos nos repiten por otro lado que en los árboles plantados “habitarán toda clase de pájaros” (Ez 17, 23). Aún desde el pequeño grano de mostaza que echa ramas tan grandes que “las aves del cielo anidan a su sombra” (Mc 4, 32). Eso es el Reino: ese espacio de vida, justicia y libertad, de salud integral y de paz que Dios nos ofrece donde nadie puede quedar excluid@ y que [email protected] vamos reconociendo a tientas, descubriendo, gestando junto a [email protected], recibiendo muchas veces y soñando también. Junto a frustraciones, desencantos, injusticias e impotencias que sufrimos y vemos sufrir, ese Reino está, existe, sigue creciendo, sin que sepamos cómo.

cosecha

 

11390109_581924291910120_8512315969908718199_n

LA PALABRA DEL DOMINGO: DOMINGO FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

JESÚS CON NOSOTROS ES EL EMMANUEL

Dt 4, 32-34. 39-40; Sal 32, 4-5. 6 y 9. 18-19. 20 y 22; Rm 8, 14-17; Mt 28, 26-28

Adentrándonos en la Palabra

Dios con nosotros, el Emmanuel, es esa presencia de Dios viva, plena y definitiva en Jesús, todos los días de nuestras vidas! La comunidad de Mateo reconoce en su evangelio, al inicio y al final (Mt 1, 23; 28, 20) que en Jesús se cumple la antigua promesa hecha en Isaías: nacerá un niño que será Dios con nosotros (Is 7, 14). En la aparición a los discípulos Jesús expresa esta certeza. Y el relato, en su brevedad nos da pistas muy precisas para encontrarnos y relacionarnos con él.
¿Dónde está el Emmanuel? En el monte, en Galilea, geografía sagrada cargada de sentido. Galilea es la tierra de las aldeas campesinas, de los pescadores. Allí vivía y allí llamar a los primeros discípulos. Es tierra de sanación, de enseñanzas de sabiduría. Y el monte es el lugar de la enseñanza, donde proclamó el estilo de vida de la nueva comunidad: las bienaventuranzas, la nueva forma de hacer justicia, de orar, de juzgar, de abandonarse al cuidado de Dios, entre otras sabidurías (Mt 5).
¿Cómo relacionarnos con el Emmanuel? Con un gesto simple y sin ambigüedad: al reconocer la presencia de Dios hay que postrarse, aunque haya dudas, como les pasó a los primeros creyentes. Al postrarse, el cuerpo dice lo que el corazón sabe y así acompaña el reconocimiento de esa certeza. Inclinarse es reconocer la presencia divina en medio nuestro, cerca, encarnada sin distancias insuperables ni de tiempo ni de espacio. Aquí y ahora. Cada día, en todo lugar. Inclinarnos es el gesto vital de dar la bienvenida a la cercanía de Dios. Jesús también hizo un gesto: se acercó y les habló.
¿Qué les dijo? Una confesión y un envío. La confesión va al centro de su experiencia vital. Ha recibido pleno poder en el cielo y en la tierra. En el lenguaje de la Biblia, decir cielo y tierra, es como abrazar los confines de lo conocido. Es decir, simbólicamente, y no por eso menos realmente, que ese poder abarca todos los espacios, el humano (la tierra) y el divino (el cielo).
¿De qué poder está hablando? El poder del que habla Jesús es la ‘exousía, un poder y autoridad de decisión y de acción ilimitada propio de Dios. Potestad de autoridad-poder-para actuar. Se trata del poder que usó para enseñar (Mt 7, 29). Un poder que otros reconocieron desde su propia experiencia como el centurión (Mt 8, 9). Un poder que desliga la atadura del pecado, perdonando al enfermo de parálisis (Mt 9, 6). Jesús no acapara ese poder-autoridad para actuar: lo comparte a la comunidad de discípulos y discípulas (Mt 21, 23-37). El poder que Jesús nos da y nos comparte a sus discípulos y discípulas está enraizado en su relación filial y obediente con la fuente de todo poder para dar vida y hacerla crecer.
¿Cuál es el envío? El envío es a vivir la ‘exousía para hacer lo que él hizo y enseñó. Vivir de una manera intensamente humana, actuando desde el amor no condicionado por ninguna situación, decidiendo enraizarse en el Padre, la fuente de la vida y del poder de dar, sanar y restituir la vida. Eso es vivir el bautismo, bautizar y construir autoridad para guardar lo que enseñó sin límites, es decir, a todos y hasta el fin del mundo.
Lic. Hna. Graciela Dibo
Lic. en Teología /Sagradas Escrituras

2015-05-23

La Palabra del Domingo: Fiesta de Pentecostés: Hec 2,1-11; 1 Cor Jn 12,3-7.12-13; Jn 20, 19-23

ADENTRÁNDONOS A LA PALABRA:

Este domingo celebramos la fiesta de Pentecostés, celebración que no es propiamente cristiana, sino también para nuestros hermanos judíos. Ellos recuerdan la entrega de la Torá, la Ley del Señor, a Moisés. Nosotros en cambio, celebramos la donación del Espíritu de Dios a la comunidad. Este don del Espíritu, que en el relato de los Hechos de los Apóstoles toma la figura de pequeñas lenguas de fuego, representa para la primera comunidad cristiana, la entrega de la Palabra que lleva a los discípulos a salir y a encontrarse con los “otros” con quienes comparte el anuncio de que el Señor está vivo.

Esta Palabra hace que puedan pasar del miedo, en que se encontraban en esos momentos de persecución por parte de los judíos, a un espacio de libertad y protagonismo.

Igualmente esta Palabra pronunciada por Pedro y los discípulos es comprendida con claridad por aquellos que lo escuchaban; dice los Hechos de los Apóstoles que cada uno lo “oía” en su propia lengua las maravillas del Señor. Otro fruto del Espíritu es la “palabra dicha a los demás, la cual llega a los otros como una palabra clara que genera la escucha de cosas buenas generadas por Dios en nuestra historia”.

Por último, esta misma experiencia del Espíritu, los convoca a proclamar y decir palabras veraces, que al ser escuchadas, convocan a la conversión y al seguimiento; dice el texto expresamente que a partir de este discurso muchos abrazaron la fe. Pero no sólo a un cambio de vida, o sea abrazar la fe y bautizarse, sino que justamente a partir de estos momentos, comienza la primera evangelización del Proyecto de Dios concretizado en la persona de Jesuscristo, desde Jerusalén la Palabra de Dios llega a los confines de la tierra.

Dios quiera que en esta Fiesta del Espíritu, renovemos nuestro compromiso con la Palabra que nos hace protagonista de nuestra vida y de una vida diferente para otros, con la Palabra que transmite “realidades nuevas” y con la Palabra nos convoque junto a otros y otras a construir una comunidad que proclama a Jesucristo Señor de la historia.

Hna Mariana Zossi op. Licenciada en Sagradas Escrituras

23 de Mayo 2015

22325_574826735953209_3377349785513052025_n

LA PALABRA DEL DOMINGO: DOMINGO VI DE PASCUA: Hech 10,25-26.34-36.43-48 / 1 Jn 4,7-10 / Jn 15,9-17

Adentrándonos en la Palabra

En este sexto y último domingo de pascua, seguimos leyendo el Libro de los hechos y el evangelio de Juan, que nos ofrecen distintas miradas del acontecimiento pascual. En el Libro de los hechos se nos describe el encuentro de Pedro y Cornelio, que será de gran importancia para el futuro de la comunidad. Los dos se han preparado para este encuentro y el relato va generando en torno a esto una expectativa en los lectores. Se describe a cada uno, su situación, los diálogos con “el ángel de Dios”, las personas que los acompañan (hermanos, parientes, amigos íntimos) hasta que en el vs. 25, que se lee en la liturgia de hoy, se relata el encuentro, donde Cornelio sale a recibir a Pedro y se postra a sus pies.
Desde el comienzo el encuentro entre los dos transcurre en un clima muy familiar, cálido, humano. Eso parece reafirmar las palabras de Pedro: “Levántate, pues yo mismo también soy hombre” (v.26). Pedro y Cornelio conversan, se escuchan con atención, intentan explicarse mutuamente la razón de este encuentro que a los dos los sorprende. En realidad hacen una lectura creyente de los hechos, y Pedro toma la palabra para “anunciar la Buena Nueva de la Paz” (v. 36) que llega por medio de Jesús. El gesto arriesgado de Pedro de entrar a la casa de un “pagano” y mantener un diálogo de fe con él, que no es permitido en las leyes judías, se ve confirmado por la actuación del Espíritu, que llega a “todos los que escuchaban la Palabra”. La palabra y el Espíritu son, sin duda, elementos claves en el Libro de los Hechos.
El Espíritu sorprende, actúa de un modo alternativo, no esperado. Es el Espíritu de Dios “que no hace acepción de personas” (v.34). Y Pedro, ya en otra etapa de su propio itinerario personal, está aprendiendo a dejarse conducir por él. El v. 48 nos muestra como este encuentro de fe compartido se prolonga con la estadía de Pedro con los allegados de Cornelio, ya que la fe en Jesús invita a vivir la comunidad.
El capítulo 15 del evangelio de Juan nos presenta este rico simbolismo de la Vid, como uno de los modos de Jesús de hablar de sí mismo y del misterio del reino, a través de los “Yo soy” (“La luz”, el “camino, la verdad y la vida”, etc.). En los versículos que leemos hoy podemos encontrar una invitación muy fuerte en boca de Jesús a “permanecer en el amor”… se repite varias veces esta idea, entrelazándola con el mandamiento del Amor, con la relación de amor de Jesús y el Padre a la que estamos [email protected] a participar y desde allí “dar fruto”, experimentando la alegría que todo esto trae.
Sabemos que el evangelio de Juan busca reforzar los lazos hacia dentro de la comunidad en tiempos hostiles. Al mismo tiempo las palabras de Jesús nos introducen en la intimidad del Misterio, nos invitan a permanecer (del griego ménein: morada), a estar en El. Este permanecer en el amor puede implicar un riesgo grande: hasta dar la vida por los amigos.
Sólo [email protected] en el Misterio podremos percibir la hondura de la vida, el valor de cada momento, donde la divinidad se revela. Estamos [email protected] a vivir la conciencia plena del presente reconociendo y valorando todo lo que existe y nos da vida. Podemos leer estos dos textos de manera que se iluminen mutuamente: el encuentro entre Pedro, Cornelio y la comunidad es ya un testimonio del itinerario que nos propone el evangelio de Juan. Desde el encuentro interpersonal profundo y el camino de fe que cada uno ha hecho optando por seguir a Jesús con toda la vida, se da un encuentro lleno del Espíritu, que incluye, integra la diversidad, promueve la comunidad.
Quizás en nuestras familias y comunidades podemos intercambiar experiencias que nos hacen referencia a la Palabra de hoy. Por mi parte en estos meses he tenido la gracia de compartir encuentros con jóvenes privados de la libertad en uno de los penales de Rosario. En el proceso de irnos conociendo puedo descubrir la maravilla de ser humanos, del misterio que cada un@ lleva en sí mismo, del milagro de poder relacionarnos, escucharnos, conocernos, orar juntos respetando la fe de cada un@, alegrarnos con pequeñas cosas. Creo que de distintas maneras las iglesias evangélicas que visitan la cárcel hace muchos años y las personas que nos hemos acercado como voluntarias hacemos esta experiencia de Pedro: [email protected] también somos [email protected] y el Espíritu nos llama a hermanarnos.
“Mira mis manos, llenas de hermanos”, dice la canción, y de hecho nuestro país y la Patria Grande tienen mucha necesidad de personas que se animen a reconocerse hermanas y hermanos de todos, sin exclusiones ni banderías que nos separen, tomando riesgos en el camino que el Espíritu de Jesús nos lleve y compartiendo la alegría honda que nos trae la Pascua.

Hna. Leticia Batista
Bachiller en Ciencias Bíblicas

La Palabra del Domingo: II Domingo de Pascua; Hch 4, 32-35 / 1 Jn 5, 1-6 / Jn 20, 19-31

11010506_566520370117179_5071091873223432385_n

Adentrándonos a la Palabra….

El texto del libro de los Hechos de los apóstoles que leemos este domingo nos remite a la oración de Jesús antes de su muerte, pidiendo al Padre “que sean uno como nosotros” (Jn 17,11). En efecto, el texto nos anuncia que “la multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma” (Hech 4, 32). Y estos versículos aparecen en medio de los relatos de persecuciones, milagros, predicaciones de la primera comunidad. El acento está puesto en el compartir los bienes, tenerlo todo en común. Es muy interesante observar que en el centro del texto aparece la mención a la Resurrección. Es decir, el texto parece sugerir que uno de los principales testimonios de la Resurrección es esta vida compartida en comunidad, donde “nadie llamaba suyos a sus bienes” (v.32).
Por otro lado en el evangelio de Juan nos encontramos con un grupo de discípulos a puertas cerradas, con miedo, en la noche. Unos versículos antes leemos que las mujeres les han anunciado la resurrección pero no se hace referencia a ello ahora. Con ese contexto de fondo, Jesús se les presenta mostrándoles sus manos y el costado y les da la paz. En tres momentos distintos les regala, ofrece y bendice con la paz.
En el episodio de Tomás podemos ver una invitación a una fe más profunda, reconociendo en el Jesús resucitado al mismo que fue atravesado por la espada y crucificado, el que lavó los pies, el que fue perseguido. Este Jesús Siervo, cargando los dolores de todos, que se hizo hermano de las personas más excluidas, es el que ahora se presenta resucitado.
Esta comunidad que es testigo de la resurrección será entonces enviada a compartir y ofrecer la paz y la reconciliación: “a quienes ustedes perdonen los pecados”… (Jn 20, 23). Viviendo la comunión, recibiendo la alegría que viene del Resucitado y su Espíritu, compartiéndolo todo sin que nadie quede afuera del círculo de la vida, es como podrá ofrecer la paz, invitar a la reconciliación.
Como esta primera comunidad, necesitamos arriesgarnos al cambio, dejarnos transformar por el espíritu de Jesús. Podemos tener dudas, miedos, noches como ellas y ellos los tuvieron, como las tuvo Jesús mismo. Y tenemos que atravesarlas, padecerlas quizás. Pero al mismo tiempo poder construir día a día la comunidad desde el diálogo, la reconciliación, el discernimiento común, la solidaridad. En el aprendizaje comunitario, desde la escucha mutua en lo cotidiano. En medio de los contextos violentos en los que vivimos, podemos ofrecer a los otros un camino para la paz.

Hna. Leticia Batista
Bachiller en Ciencias Bíblicas

Página 1 de 3123