Comentario Bíblico

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La Palabra del Domingo: Domingo de Ramos

Icono Domingo de Ramos (2)

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos (15,1-39)

Comenzamos la semana más importante de nuestra celebración cristiana. Es un tiempo para hacer memoria, para contemplar los momentos cruciales de la vida de Jesús y, especialmente, para tomar conciencia en qué lugar estamos hoy y decidir cómo continuar el camino de la fe. El relato de la pasión de Jesús es un drama donde cada personaje juega un rol clave. Un drama en cuatro actos que nos ayuda a observar los movimientos de unos y de otros. De los que están con Jesús siguiendo su camino, sosteniendo la fe a pesar de todo y también de los que no entendieron, lo que juzgaron que no había nada nuevo como para jugarse la vida. Y yo, ¿cómo estoy hoy? Esta podría ser una actitud de lectura y de escucha de la Palabra para que no sea un ritualismo vacío y obligado. En cada acto de este drama podemos ubicarnos al lado de los diversos personajes y tomar contacto con lo que ocurre en la escena pero también con lo que me ocurre a mí. Podemos tomar conciencia del conflicto que significó la muerte de Jesús para los primeros creyentes, y también, tomar conciencia de cómo vivo hoy las consecuencias de la fe encarnada en la vida cotidiana. Cada escena puede ser un espejo para reconocer nuestros propios movimientos del corazón y para dejarnos inspirar a un cambio, un crecimiento y maduración como creyentes en Jesús en esta hora de la historia.
Con Jesús ante Pilatos: la hora de la verdad (Mc 15, 1-20)
El silencio de Jesús ante la pregunta de Pilatos sobre qué es la verdad sigue resonando como signo de enorme libertad. Pilatos está en otro registro y su pregunta no parece honesta. De haberlo sido Jesús le hubiera contestado. Jesús había dicho su verdad cada vez que se sentó a la mesa con pecadores y prostitutas, cada vez que puso en el centro la vida de las personas antes que la Ley, cada vez liberó a los cansados y agobiados por el peso de una religión que había perdido el corazón. Esa pregunta irónica no busca honradamente la verdad que ya había sido vivida y proclamada. El significado del silencio lo expresa bien la afirmación de Margarita Porete, quemada en la hoguera en 1310 en la plaza de Paris: “la persona libre, si no quiere, no responde a quien no es de su linaje.”
Junto a Jesús en el camino hacia la cruz (Mc 15, 21-32)
En el camino al Calvario hay todo tipo de personas con origen cultural diverso y con situaciones de vida diferentes. Existen los que están por casualidad como Simón de Cirene (un lugar al norte de África) y se ven obligados a ayudarlo. Estaba la gente de Jerusalén y alrededores que fueron por las fiestas de la pascua, algunos curiosos, otros indiferentes. Muchos habrían sido sanados por Jesús pero ahora arrollados por la masa. Habrá habido, también, ese tipo de personas que simplemente miran sin comprometer el corazón manteniendo la distancia necesaria para no implicarse. Estaban, además, los verdugos de turno que hacían su trabajo con o sin adhesión interior. Entre todos ellos hay un personaje con el corazón abierto a comprender el misterio que ahí se estaba jugando. Es el centurión romano. Formaba parte del brazo armado del Imperio que dominaba la provincia de Palestina. Era por tanto, ejecutor y garante del orden del emperador. Sin embargo, se dio la libertad de sentir y pensar. Aún siendo extranjero y hombre del ejército, vestido con coraza y sosteniendo armas destinadas a herir y matar, pudo abrirse a nuevos sentidos, ablandar su corazón más allá de la armadura de la cultura y percibir el Misterio de Dios actuando en Jesús. Sus palabras emblemáticas, una verdadera confesión de fe, representan al mundo romano que se abre al evangelio. Había sido entrenado para reconocer en el emperador al hijo de Dios y para darle culto. Sin embargo, todo este poder imperial no endureció su conciencia por completo. Al reconocer en el crucificado al verdadero Hijo de Dios asiente a la revolución cultural que trae Jesús y su movimiento. El verdadero rostro y el poder de Dios se manifiesta en aquel que amó a los pobres y despreciados por el mundo.
Con las mujeres al pie de la cruz por fe y con amor (Mc 15, 33-41)
María Magdalena, María la madre de Santiago y de José, y Salomé son mujeres judías seguidoras de Jesús desde el tiempo en que él vivía y predicaba el Reino de Dios en Galilea. Ellas han comprendido y aceptado el mensaje. Saben que vivir las nuevas relaciones de justicia y de amor a las que Jesús invita trae conflictos y consecuencias. Por eso, tal vez, no se apartan del camino y están con él hasta el final. Este grupo de tres mujeres con nombre propio son las más allegadas y se destacan en la memoria que hace Marcos porque habrían tenido un protagonismo importante en las comunidades. Pero no están solas, hay muchas otras que también siguen a Jesús desde Galilea. Han ejercitado la capacidad de vivir intensamente y por eso son testigos clave en los momentos más duros manteniendo la continuidad después de la muerte. Las encontramos yendo a la tumba a honrar a Jesús para embalsamar su cuerpo, una tarea ritual ancestral a cargo de las mujeres. La presencia de ellas en cada etapa del camino de Jesús, desde el inicio hasta su muerte, al pie de la cruz y en el sepulcro vacío es un hilo de continuidad de fe y amor que llega hasta hoy. Gracias a ellas la memoria de Jesús está viva en cada comunidad creyente.
Con María Magdalena, María la de José y José de Arimatea en la tumba (Mc 15, 42-47)
Los rituales de entierro en la antigüedad eran importantes porque ahí se jugaba la identidad, la pertenencia y la memoria del muerto. Había que definir de quién era el cuerpo, a quién pertenecía y quien honraría su memoria para que no quedara en el olvido. Cuando todos habían desaparecido solo estos tres personajes llenaron la ausencia de los demás discípulos y amigos. Cada uno de los detalles que se narran en esta escena son importantes. José de Arimatea, un judío que esperaba el Reino de Dios, hizo el honor de recuperar el cuerpo de Jesús, conseguir una mortaja y un lugar para que fuera enterrado dignamente. Las mujeres vigilaron cuidadosamente los procedimientos. Teniendo en cuenta que no se trataba de cualquier muerto sino de alguien ejecutado y deshonrado como un malhechor, y que por eso pertenecía al estado, las acciones de José y las mujeres para recuperar el cuerpo y hacer los ritos funerarios de la piedad judía fueron tan importantes para la memoria y la identidad de Jesús después de su muerte y para la apertura a al sentido último de su vida. La apertura permanente y amorosa de las mujeres cercanas a Jesús será la puerta para la manifestación más definitiva de nuestra fe: él está vivo en medio nuestro.

Hna. Graciela Dibo Op
Licenciada en Biblia

III DOMINGO DE CUARESMA- 8 DE marzo de 2015

“Una Ley que nos libera y nos hace comunidad”

palabra del 8 de marzo

ADENTRÁNDONOS EN LA PALABRA

La primera lectura de este III domingo de Cuaresma, del Libro del Éxodo, es el texto del decálogo, o de “las diez palabras”. Desde el comienzo, Yahvé se presenta como “el Señor, tu Dios, que te hizo salir de Egipto, de un lugar de esclavitud” (Ex 20,2). Siempre es interesante recordar que estas palabras que establecen la Alianza de Yahvé con su Pueblo tienen como base la experiencia única de haber sido rescatados de la opresión, de la esclavitud. El Dios que hace alianza y promete fidelidad es el que escuchó el dolor y la opresión de su pueblo, y bajó a rescatarlo (Ex 3). Olvidarnos de eso es desvirtuar el sentido del decálogo y la importancia del éxodo como hecho fundante del primer testamento.
Por eso al leer estas 10 palabras (que encontramos también en la versión de Dt 5, 6-22) es bueno tener presente que se orientan principalmente a acompañar a este pueblo rescatado y liberado para que no vuelva a caer en nuevas esclavitudes, para que viva honrando a su Dios y a sus hermanos, en un sistema de vida igualitario y justo. Como lo dice bellamente nuestra hermana Ángela Cabrera: “El Dios de Israel es el que conduce a la libertad, al lugar espacioso donde la vida es posible…el que instruye para construir una sociedad alternativa”.
En el evangelio de Juan que leemos este domingo, vemos a Jesús desde el comienzo en una encrucijada y así es presentada su vida hasta el final, cuando llegará “su hora”. En una de sus tantas confrontaciones con los judíos, ésta se realiza en un espacio tan significativo como es el Templo de Jerusalén. “No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado” (Jn 2, 16), va a decir Jesús al tirar las mesas de los cambistas y vendedores: el movimiento económico que se concentraba en torno al templo era grande, y por supuesto los que se enriquecían eran la élite dominante, sobre todo la sacerdotal. En definitiva podemos decir que este gesto tan fuerte del Señor nos remite a aquella alianza del Éxodo: el Padre de Jesús y Padre/Madre nuestro nos convoca a honrar la vida, a respetar y cuidar la dignidad humana, poniendo bases para una sociedad alternativa donde ninguna persona o comunidad quede excluida, proclamando así nuestra fe en Yahvé. Jesús es la Palabra viva para recordarnos eso, y toda su vida, que termina inevitablemente en la Cruz y la Pascua, remite a este proyecto del Padre. Nuestra oración, nuestra fe cristiana, nuestros proyectos de vida no pueden perder de vista esta meta.
El Papa Francisco con frecuencia nos provoca y desafía desde las realidades actuales a vivir esta propuesta evangélica. “La necesidad de resolver las causas estructurales de la pobreza no puede esperar” (EG 202), “ya no podemos confiar en las fuerzas ciegas y en la mano invisible del mercado” (EG 204). Que podamos preguntarnos en esta cuaresma desde lo profundo de nuestro corazón sobre lo que nos esclaviza hoy personal, familiar, comunitariamente y buscar caminos para vivir esta Palabra que el Señor nos regala. Que todas las mujeres sabias que nos antecedieron y entregaron su vida y a las cuales recordamos en este día, nos inspiren en nuestro caminar.

Hna. Leticia Batista op
Bachiller en Teología Bíblica

La Palabra del día: II Domingo de Cuaresma Gn 22, 1-2. 9-13. 15-18, Rm 8, 31b-34, Mc 9, 2-10

Misión que nace de la oración, del encuentro con el Señor; esperanza que brota del gesto solidario y consuelo fruto de un corazón que ayuna

Adentrándonos a la Palabra:

La liturgia en este segundo domingo de cuaresma nos invita a re-leer un texto que conocemos mucho del AT y otro que recordamos con frecuencia del NT. Por un lado, el llamado sacrificio de Isaac, y por otro, la transfiguración de Jesús. ¿Qué tienen en común estos dos relatos? ¿Por qué la liturgia los pone juntos en este camino cuaresmal? Veamos…
Una primera clave nos aparece en el camino, en ambos textos hay una subida a una montaña. El monte Moria en la primera lectura, y un monte alto, en el evangelio. Nuestros personajes suben a un lugar especial; sabemos que para los pueblos orientales los lugares elevados eran indudablemente espacios sagrados. Es por eso, que aunque no lo diga el texto bíblico, la intencionalidad de ambos es encontrarse con el Señor. Y ¿qué buscaban tanto Abraham y Jesús con sus discípulos al subir a un espacio sagrado? Seguramente no solo el encuentro con Él, sino que en ese mismo momento descubren una misión, un encargo, un camino que nace de ese mismo encuentro. Todo momento de oración e intimidad con el Señor nos descubre un para qué en nuestra vida: en tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra y el camino hacia la cruz y resurrección.
La segunda clave tiene que ver con la actitud de los personajes ante el misterio del que son testigos. Abraham obedece sin cuestionar nada, se pone en camino y hace todo lo que el Señor le pide, aunque su corazón le esté reclamando su amor más profundo, ¡su único hijo! Su confianza es tal que llega al límite de sacrificar a Isaac. Algo parecido le ocurre a Pedro. En el momento en que se aparecen Elías y Moisés junto al Señor, el corazón del discípulo se llena de alegría, e intenta inmortalizar ese instante, ¿por qué? Porque la escena anterior y este mismo relato terminan con algo que no comprendía, la urgencia de la cruz, y este espectáculo, tan lejano a esa realidad de dolor y angustia, lo serenaba y le daba esperanza. Cuando nos enfrentamos a situaciones de tanta incomprensión y angustia, en las que sentimos que el Señor tiene una palabra para decirnos y se queda callado, los gestos de Abraham y Pedro nos salen al encuentro, la confianza en uno y la búsqueda de todos los medios para encontrar la esperanza o lo que lo serena, nos marcan un camino en este tiempo.
Por último queremos recordar el contexto del evangelio de Marcos. En el año 70 los cristianos viven la persecución y el abandono que llegaba hasta estar expuestos a la muerte. Un texto de la Transfiguración resuena como una invitación concreta a encontrar la esperanza; en medio de un contexto de muerte y cruces, el escritor bíblico invita a sus destinatarios a buscar todos los caminos posibles para construir “carpas” para sanar los corazones destruidos y cansados, y proclamar junto a Pedro “que bien que se está acá”.
Misión, esperanza y consuelo son las claves de este segundo domingo de cuaresma; una misión que nace de la oración, del encuentro con el Señor; esperanza que brota del gesto solidario de la limosna y consuelo fruto de un corazón que ayuna y se libera de la indiferencia que hoy globaliza nuestras relaciones.

Hna Mariana Zossi Op
Licenciada en Sagradas Escrituras
28 de Febrero 2015

La Palabra del día: I Domingo de Cuaresma: Gn 9, 8-15;Pe 3,18-22; Mc 1, 12-15

…la conversión que nace de creer que es posible una vida diferente

I Domingo de Cuaresma 2015

Adentrándonos a la Palabra:

El primer domingo de cuaresma todos los años hace memoria de las tentaciones de Jesús en el desierto. En este año, la liturgia nos invita a leer esta experiencia del Señor desde el evangelio de Marcos.
Sabemos que el texto marquiano fue escrito alrededor de los 60/70 años dC cuando a la comunidad cristiana no les faltaban persecuciones y amenazas, no solo de los judíos sino también por parte del imperio.
Leído el texto de Marcos desde este contexto, podemos reconocer algunas claves que utiliza el escritor bíblico para alentar a su comunidad. Veamos…
Si no animáramos a comparar el relato de Mc con el de Mateo y Lucas, saltarían dos diferencias profundas, por un lado la especificación de tres tentaciones (hambre-poder-prestigio) en Mt y Lc frente a la realidad de las tentaciones en general en Marcos, por otro lado el momento de las tentaciones, en los dos primeros pareciera ser que Jesús comienza a tener hambre luego de 40 días…la tentación comienza luego de un tiempo prolongado y esta acotada en el tiempo. En cambio la forma que esta expresado en nuestro texto indica que la tentación de Satanás fue durante los 40 días. Los que escuchan este relato eran cotidianamente tentados para no ser perseguidos. Igual que nosotros, piensan los destinatarios de Mc, el Señor fue tentado por tanto tiempo, durante toda su estadía en el desierto, tiempo que tiene en Él un fin, por lo tanto nuestra persecución y prueba, lo que estamos, viviendo también terminara.
La otra clave que escuchan los destinatarios del evangelio de Mc es como transita el Señor este tiempo. Él no está solo, lo acompañan los animales del campo y los ángeles. Pero no solo lo acompañan, sino que le sirven. Es ilógico pensar en esta escena. ¿Qué quiere decirles Mc con esta descripción?
Les transmite a sus oyentes que el tiempo que viven es un tiempo escatológico. ¿Recuerdan la profecía de Isaías? El tiempo de gracias tendrá su signo: el niño de pecho jugara con la víbora. Lo que ustedes están viviendo es un tiempo de gracia un tiempo especial… Los alienta, les da esperanza.
Por último Mc les relata la última clave. Jesús luego de que Juan el Bautista fuese apresado se dirige a la Galilea a anunciar la Buena Noticia. Los versículos 14-15 son muy interesantes, no solo les dice que Él fue tentado y perseguido durante toda su estadía en el desierto al igual que ellos, no solo que el tiempo que viven es un tiempo de gracia aunque sea ilógico reconocerlo, sino que Él decide anunciar y proclamar la Buena Noticia de la llegada del Reino en el lugar de los gentiles, en la Galilea de los gentiles, en el lugar de los despreciados. Sabemos que para los judíos de le época la Galilea representaba el lugar desde donde no podía salir nada bueno. Es allí donde Jesús gastara su vida, yendo de aldea a aldea, anunciando la conversión que nace de creer que es posible una vida diferente.

Hna Mariana Zossi Op
Licenciada en Sagradas Escrituras

La palabra del día: Miércoles de Ceniza

Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará

miercoles de ceniza
El evangelio de este Miércoles de Ceniza está sacado del Sermón de la Montaña y quiere ofrecernos una ayuda para hacernos entender cómo practicar las tres obras de piedad: oración, limosna y ayuno y cómo utilizar bien el tiempo de Cuaresma. El modo de cumplir estas tres obras ha cambiado mucho a través de los siglos, según las culturas y costumbres de los pueblos y la salud de las personas. Hoy las personas más ancianas recuerdan el ayuno severo y obligatorio de cuarenta días durante toda la cuaresma. A pesar de los cambios en el modo de practicar las obras de piedad, queda la obligación humana y cristiana (1) de compartir nuestros bienes con los pobres (limosna), (2) de vivir en contacto con el Creador (oración) y (3) de saber controlar nuestro ímpetu y nuestros deseos (ayuno). Las palabras de Jesús que meditamos pueden hacer surgir en nosotros la creatividad necesaria para encontrar nuevas formas para vivir estas tres prácticas tan importantes de la vida cristiana.
Texto: Mt 6, 1-6. 16-18
Jesús dijo a sus discípulos: “Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre de ustedes que está en el cielo. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres noten que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”.
Algunas preguntas para ayudarnos en la meditación y en la oración.
a) ¿Cuál es el punto del texto que más te ha llamado la atención o que te ha gustado más?
b) ¿Cómo entender la advertencia inicial hecha por Jesús?
c) ¿Qué critica y qué enseña Jesús sobre la limosna? Haz un resumen para ti
d) ¿Qué critica y qué enseña Jesús sobre la oración? Haz un resumen para ti
e) ¿Qué critica y que enseña Jesús sobre el ayuno? Haz un resumen para ti
Algunas claves para entender el texto:
Jesús habla de tres cosas: la limosna (Mt 6,1-6), la oración (Mt 6,5-15) y el ayuno (Mt 6,16-18). Eran las tres obras de piedad de los judíos. Jesús critica el hecho de que practican la piedad para ser vistos de los hombres (Mt 6,1). No permite que la práctica de la justicia y de la piedad se use como un medio de promoción social en la comunidad (Mt 6,2.5.16). En las palabras de Jesús aparece un nuevo tipo de relación con Dios que se abre para nosotros. Él dice: “Tu Padre que ve en el secreto te recompensará” (Mt 6,4). “Vuestro Padre que conoce vuestras necesidades antes de que le pidáis cualquier cosa” (Mt 6,8). “Si perdonáis a los hombres sus faltas, también vuestro Padre celestial os perdonará” (Mt 6,14). Jesús nos ofrece un nuevo camino de acceso al corazón de Dios. La meditación de sus palabras referentes a las obras de piedad podrá ayudarnos a descubrir este nuevo camino.
(De Lectio Divina ocarm)

La Palabra del Día: III Domingo del Tiempo Ordinario: Jonás 3, 1-5. 10; Corintios 7, 29-31; Marcos 1, 14-20

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somos invitados a akolouthèin, a seguirlo. Este verbo significa literalmente “seguir atrás” del que camina adelante, llenarse del polvo de sus pies, todo lo que camina el “maestro” se adhiere a la vida de sus discípulos. Por lo tanto la elección pasa a ser un seguimiento de la cotidianidad de a quién se sigue

Adentrándonos a la Palabra:

El evangelio de este domingo nos presenta una de las tantas narraciones vocacionales que están presentes en la Biblia. Es un género literario, por lo tanto tiene una estructura básica, en el cual lo primero que se indica es la condición de vida de la persona interpelada por Dios, después sigue la llamada expresada con palabras o acciones simbólicas y finalmente se tiene el seguimiento que conlleva el abandono de la actividad anteriormente presentada. A partir de este proceso quisiéramos entresacar algunas claves que son propias del evangelio de Marcos, por lo tanto él las deja impresas en este relato “común”, y que hacen eco en la primera lectura.
Veamos tres claves. La primera de ellas nace de los verbos que transitan toda la perícopa. Jesús pasa por allí, ve a los hombres en su trabajo y se dirige a ellos en lenguaje imperioso. El andar, ver, hablar, oír, venir, las funciones elementales de la actividad humana, determinan en gran medida el hablar de Marcos en su evangelio. Y si así habla, así presentará la vocación de los primeros discípulos de Jesús. Jesús los ve en su cotidianidad, en su lugar de trabajo, en sus lugares de vida; sabemos que los pescadores de la época pasaban día y noche ocupados en sus redes, y es allí dónde Jesús los ve y los elije. Es muy gráfico además como el escritor bíblico quiere acentuar este mensaje, en el segundo grupo de llamados, el de Santiago y Juan, el contexto no sólo es el día a día, sino en medio de su familia, hasta es nombrado su padre, Zebedeo (sabemos que en el texto bíblico lo que está escrito tiene una significación con el relato, por eso de la economía narrativa); por lo tanto el autor quiere destacar que la elección al seguimiento tiene que ver con lo que cada uno es, y desde allí, somos invitados a akolouthèin, a seguirlo. Este verbo significa literalmente “seguir atrás” del que camina adelante, llenarse del polvo de sus pies, todo lo que camina el “maestro” se adhiere a la vida de sus discípulos. Por lo tanto la elección pasa a ser un seguimiento de la cotidianidad de a quién se sigue.
La otra clave que nos parece muy gráfica es que esta elección al seguimiento de Jesús por el reino son hechas no de forma autónomas; Jesús elije a los suyos de dos en dos; en esta elección está impresa la comunidad, la misión junto a otros, el que somos llamados a predicar el reino de Dios en comunidad. Y aquí hay un punto que está muy claro en Marcos, no así en el evangelio mateano. La elección de los hijos de Zebedeo, más allá que es radical, en la cual cortan totalmente con su vida pasada, es presentada no desde la precariedad en que queda el padre frente a la elección de sus hijos. El reino de Dios necesita de hermanos que caminen juntos, pero su familia, hoy representada en Zebedeo, no queda sola, Marcos dice claramente que queda en la barca con sus jornaleros. El seguimiento no genera incertidumbre y vulnerabilidad en las familias de los discípulos.
Por último, y aquí creemos que el texto de la predicación de Jonás nos ayuda en la mirada, el seguimiento va acompañado de un cambio radical de vida, de una conversión. Digámonoslo de otra manera, “en el incondicional seguimiento se realiza la conversión”. A los discípulos se les cambia totalmente la vida, abandonan todo lo que hacían y se comprometen con la vida de Jesús y su predicación. Demos un vistazo a Jonás, todos sabemos cuál es el trasfondo de su vida, cómo no quiso en un primer momento ir a Nínive; pero cuando se dispone a “seguir” la palabra escuchada, despierta la conversión y el cambio radical en la vida de los Ninivitas, y ellos por esta escucha y compromiso, son salvados.
Concluyamos entonces. Dios nos convoca a su seguimiento desde lo que somos y en nuestro lugar vital; nos convoca junto a otros y otras para proclamar el reino, y ese “caminar detrás de Él” nos cambia la vida radicalmente, no sólo a nosotros, sino también a todos aquellos que comparten nuestra vida.

Hna Mariana Zossi
Licenciada en Sagradas Escrituras
24 de Enero 2015

Fiesta del Bautismo del Señor, Isaías 42, 1-4. 6-7, Salmo 28, 1a y 2.3ac-4.3b y 9b-10, Hechos de los apóstoles 10,34-38 y Marcos 1, 7-11.

Comentario Biblico

Para comprender la misión no solamente es necesario ver el signo sino escuchar la palabra que nos ayuda a reconocer con mayor claridad quiénes somos, y cuál es nuestro aporte y responsabilidad en esta historia de la humanidad

Adentrándonos a la Palabra…

Con la celebración de este domingo cerramos el tiempo de la Navidad y comenzamos lo que la liturgia llama tiempo ordinario, el día a día de nuestra vida cotidiana que quiere ser acompañado por la Palabra de Dios.
Y lo que celebramos en este domingo es el Bautismo del Señor. Los textos bíblicos ponen este relato al comienzo de la vida pública de Jesús no a las tres semanas de su nacimiento, pero la liturgia lo coloca aquí pedagógicamente, como dijimos al principio, la Iglesia quiere acompañar a todos en su cotidianidad con la Palabra del Señor. Pero veamos qué nos plantean los textos en este domingo y en qué nos ayudan en nuestro caminar diario. (Queremos hacer una explicación previa, no nos detendremos en comparar el bautismo de Juan con el que traerá Jesús, agua y Espíritu, porque creemos que no es el centro del mensaje del texto de Marcos, sino lo que nos revelarán los siguientes verbos: vino, vio y escuchó.)
Tres elementos nos salen al encuentro en el texto de Marcos. Lo primero es que este relato es presentado en los cuatro evangelios, haciendo que tenga un peso casi histórico; las cuatro comunidades, tanto la de Marcos, como la de Lucas, Mateo y Juan, hacen referencia al comienzo de la predicación jesuánica de este episodio; pero no solamente los textos bíblicos, recordemos lo que dijimos al comienzo del Adviento, también el historiador Flavio Josefo se refiere a esta actividad de Juan Bautista en el Jordán. Antes de que Jesús comience el anuncio del Reino, vive esta experiencia del Bautismo como antesala de su misión. ¿Qué le permite esta experiencia? O ¿qué le posibilita en su vida? Y aquí quisiéramos desarrollar las otras dos claves.
Este momento de iniciación, podríamos decir, es fundamental en lo que la Cristología posterior nos afirma: Jesús fue creciendo y comprendiendo, a lo largo de su vida, su misión. Recordemos como los evangelios de la infancia nos dicen que Jesús crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría… (cfr. Lc 2,40). Esta experiencia del Bautismo de Jesús no sólo aclara a la comunidad de Marcos quién era Jesús y define su misión, sino que nos presenta al Señor en este camino de crecimiento y de reconocimiento de su identidad y misión. Es muy gráfico el texto ya que no dice, como los otros evangelistas, que ven y escuchan la manifestación desde los cielos, sino que aquí en Marcos solamente es Jesús el que ve y oye. Y ¿qué es lo que ve y oye? Quién era, el Hijo de Dios… ¡Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto! No dice él es mi Hijo amado… y también le deja claro su misión. Pero para poder reconocer esta clave debemos saber un poco más de las escrituras, del Antiguo Testamento, algo que Jesús manejaba a la perfección. Veamos cuál es la misión que comienza a comprender Jesús, con mayor claridad, en este momento de su vida.
Jesús ve el Espíritu en forma de paloma, primer elemento para comprender su misión. Su vida está llena del Espíritu, y es el Espíritu quién lo conduce en su vida y misión. Pero hagamos eco, como seguramente hizo Jesús en ese momento. El Espíritu junto a una paloma, junto a alas, en el AT. Y salen a nuestro encuentro dos textos, en la creación dónde el Espíritu aleteaba… antesala de la claridad con que comienza la creación; y el momento en que Noé envía una paloma luego de que culminó el diluvio, para asegurarse el comienzo de una nueva creación. El segundo elemento que nos sale al encuentro para comprender la misión es la palabra escuchada… no solamente es necesario ver el signo sino escuchar la palabra que nos ayuda a comprender, recordemos a los magos de la celebración de la epifanía. Y la palabra que escucha el Señor es la misma que escuchamos en la primera lectura del profeta Isaías en este domingo, la misión de liberación y justicia para todo el pueblo.
¿Qué nos dicen estos textos en nuestro comienzo de año, en nuestra cotidianidad? Creemos que dos cosas. Por un lado, Jesús mismo necesitó vivir este proceso de reconocer su identidad, saber quién era, para conocer su misión en la historia de los hombres, algo que muchos de nosotros creemos manejar con mucha claridad. Qué interesante sería que podamos darnos un tiempo para decirnos quienes somos, y cuál es nuestro aporte y responsabilidad en esta historia de la humanidad, y no sólo para nuestro círculo inmediato. Lo segundo que nos parece importante es que Marcos nos señala el camino: Jesús supo leerse desde la Palabra de Dios iluminado con el Espíritu; ¿qué lugar tiene el Señor y su Espíritu en nuestros discernimientos? Sería una buena clave para celebrar esta fiesta de cierre y de comienzo de nuestro año.
Hna. Mariana Zossi OP
Licenciada en Sagradas Escrituras

La Palabra del Domingo: Fiesta de la Epifanía del Señor, Isaías 60, 1-6; Efesio 3, 2-3a. 5-6; Mateo 2, 1-12

No sólo el deseo es lo que nos hace buscadores de la Luz, sino el estar abiertos a la palabra del otro que nos puede ayudar a comprender el misterio que estamos contemplando

Adentrándonos a la Palabra:

La celebración de la festividad de la Epifanía, popularmente llamada la “fiesta de los reyes magos”, nos invita a contemplar otro misterio de este tiempo de la Navidad, la manifestación del Señor a todos los pueblos con su correspondiente actitud de reconocimiento y adoración. Los magos no sólo reciben la propuesta desde los cielos de caminar hacia el lugar que los conduciría la estrella, sino que asumen una actitud de reconocimiento, adoración, dice literalmente la palabra en griego, ante un pequeño niño pobre en brazos de su madre. ¿Qué nos plantea esta fiesta?, ¿qué nos invita transformar en nuestra vida? Veamos algunos elementos que nos ayudarán a comprender su mensaje y a intentar hacerlo eco en nuestra vida.
Nos animemos a encontrar al o a la protagonista de la escena. Y aunque nos resulte raro, el personaje nuclear del texto, y que le da tensión al relato, es “la estrella”. Sabemos que en la antigüedad, y principalmente en las tierras de oriente, el surgimiento de una estrella celebraba el nacimiento de una persona significativa para el pueblo… para la historia.
También no debemos dejar en el tintero algo que el escritor bíblico apuntó con mucho esmero (recordemos que la economía narrativa en los textos antiguos era fundamental, el papiro y la tinta no eran bienes de fácil y económico acceso, por lo tanto ¡lo que era fundamental para la comprensión del mensaje debía ser escrito!); “vimos su estrella en el oriente”… fíjense lo interesante de esta expresión. Oriente es el punto cardinal dónde nace el sol, dónde nace la luz, dónde nace la esperanza; lo raro es que aquí el término oriente tiene un artículo, es decir, está subjetivado, hace referencia a un sujeto, a una persona. Los magos están convencidos que siguen al signo de una persona muy significativa que será el “nuevo sol” para la historia de los hombres, ¡una nueva Luz está por surgir!
El tema es que los magos supieron ver ese signo y ponerse en movimiento hacia él. Aquí es fundamental que hagamos una referencia lingüística, si me permiten. Ese signo es nuestra protagonista, una estrella, y este vocablo está muy relacionado con la palabra deseo; el deseo nos conduce fuera de nosotros mismos, es una aspiración por alcanzar un bien y un anhelo que esta siempre fuera de nosotros, que nos trasciende. De ahí su etimología de-sidere: “tender hacia los astros”… o “esperar lo que las estrellas nos muestren”. Los magos no sólo vieron el signo, sino que desearon descubrir lo que significaba, y es eso lo que los puso en movimiento. El deseo frente a ese signo los hace buscadores de una Luz nueva que está naciendo. ¿Cómo lo vieron? En el desierto no es muy fácil orientarse ya que la arena, las dunas y el horizonte son paisajes todos iguales; lo que hay que mirar son las estrellas, ellas nos ubican y nos marcan las sendas. Los magos estaban acostumbrados a mirar las estrellas, a interpretarlas, a dejarse guiar en sus proyectos por esas luces, esas únicas luces que le daban seguridad en sus caminos.
Por último, este signo debía ser explicado con la Palabra. Y aquí esta celebración de “los reyes magos” nos da otra clave para comprender su significado. No sólo el deseo es lo que nos hace buscadores de la Luz, sino el estar abiertos a la palabra del otro que nos puede ayudar a comprender el misterio que estamos contemplando. Y fíjense que esa palabra vino de personas que no querían ver (de Herodes y los Sabios de Jerusalén), ni estaban deseosos de buscar una “luz nueva”; pero esa intervención les ayuda a nuestros magos a continuar su búsqueda, a ponerse nuevamente de camino, y encontrar a un niño con su madre en brazos, la nueva Luz para la historia de los hombres.
Entonces ¿a qué nos invita este texto de los magos? A ser mujeres y varones de ojos abiertos para mirar los signos de Vida que están en medio nuestro, a ser personas deseantes, buscadores incansables de esa Persona que nos dará una Vida Nueva, una Luz diferente para nuestra historia, a ser abiertos para recibir la Palabra que nos ayude a comprender nuestras búsquedas, a animar a otros en sus caminos de discernimientos, por último, a reconocer la presencia del Señor en lo más pequeño, un niño en brazos de su madre, y a adorarle, a darle su lugar en nuestra vida.

Hna Mariana Zossi OP
Licenciada en Sagradas Escrituras
5 de Enero 2015

Sagrada Familia 2014

La Palabra del Domingo: Fiesta de la Sagrada Familia Eclesiástico 3, 2-6.12-14; Colosenses 3, 12-21; Lucas 2, 22-40

Abrazo-bendición, acción de gracias-anuncio,
gestos que envuelven el encuentro con el Señor.

Adentrándonos a la Palabra:
Este primer domingo del tiempo de la navidad nos invita a celebrar el día de la Sagrada Familia. Veamos como los textos nos ayudan a introducirnos en la espiritualidad de esta celebración, animándonos así a bendecir y dar gracias por todos los contextos cercanos, familiares o no, que permitieron nuestro conocimiento y compromiso con el Señor.
Para esto vamos a centrarnos en una característica propia de este tiempo litúrgico; en Lucas todos los relatos del llamado evangelio de la infancia, contextos y textos de la celebración del nacimiento de Jesús, remarcan la manifestación del Señor en la cotidianidad de sus destinatarios. Recordemos a los pastores en el campo en una noche cualquiera, a Zacarías en el día que le tocaba entrar en el Santuario, a María en su casa, etc. En medio de lo que se espera en la historia de Israel, una mujer que tiene que presentarse luego de sus 40 días de purificación, un niño que debe ser llevado al templo con sus ofrendas para el rescate, una pareja de esposos con su hijo en brazos, es el motivo de la manifestación y proclamación del Señor de la historia. ¿Cómo es posible esto? Porque tanto Simeón como Ana estaban expectantes en sus geografías cotidianas, esperaban los signos que Dios les daría para que puedan reconocer al Mesías.
Lo segundo que podemos rescatar de este hermoso texto son los gestos que despiertan esta actitud de espera de Simeón y Ana. Si nos detenemos en las expresiones, es muy gráfico como se dibuja la escena; Simeón lo toma en sus brazos y bendice al Señor por su presencia, canta ese cántico tan expresivo de la misión del niño en nuestra historia, luz y salvación. Ana por su parte daba gracias a Dios y narraba a todos la presencia del niño en medio de su pueblo. Abrazo-bendición, acción de gracias-anuncio, gestos que envuelven el encuentro con el Señor. Recordemos nuevamente la escena de los pastores, su puesta en marcha para anunciar, el encuentro con el niño y la acción de gracias al Señor.
Por último, quisiéramos terminar con la actitud de los padres del niño. Aquí, tanto María como José, están expectantes y admirados por lo que escuchan acerca del niño. Cómo ¿qué no estaban al tanto? ¡Qué hermoso es pensar que la experiencia del encuentro con el Señor es un proceso en nuestras vidas! No todo está dado, hay que transitar y recorrer un camino de crecimiento, dónde lo fundamental es el encuentro, “el abrazo” (como simbología de la cercanía afectiva y vital con el Señor), la acción de gracias por lo que vamos descubriendo en el camino y el relato a los demás de lo que todo esto produce en cada uno. El texto de Lucas termina dándonos esta lección: El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.
Dios quiera que hoy podamos celebrar la vida de todos aquellos que nos enseñaron a caminar así en la fe; para muchos de nosotros fueron nuestras familias, es por eso que no sólo es la celebración de la familia de Jesús sino también de la nuestra. Que a imagen de la Sagrada Familia, podamos hacer una acción de gracias por todos los que nos invitaron a caminar desde lo más sencillo, hasta soltarnos cuando pudimos dar nuestro sí. ¡Muchas gracias a Dios por ellos!
Hna Mariana Zossi
Licenciada en Sagradas Escrituras
27 de Diciembre 2014

La Palabra del Domingo: IV Domingo de Adviento, Samuel 7,1-5.8b-12.14a.16; Romanos 16, 25-27; Lucas 1, 26-38

En esta Navidad, que como María nos transformemos en portadores de la salvación y liberación

4 domingo

Adentrándonos a la Palabra:

La liturgia de este domingo nos ayuda a prepararnos de una manera especial para la celebración de la navidad. Los textos presentan a dos personajes muy significativos del tiempo de adviento, por un lado David y por otro la virgen María; junto a ellos, a sus respuestas y definiciones, vamos a intentar tejer juntos tres claves que nos indicarán el camino hacia el nacimiento del Señor.
El contexto de la primera lectura nos da la clave para comprender la trama que nos quiere presentar el libro de Samuel. David acababa de conseguir una relativa paz con la conquista de Jerusalén y los territorios aledaños; era una costumbre que el rey una vez conquistado el territorio ubique la capital, construya su palacio, y al lado del mismo el “Templo de su dios”. Y en esta situación nos encontramos, David haciendo lo que tenía que hacer como rey; el tema es que el Dios de su pueblo no era igual que los otros dioses. ¿Tú me construirás una casa a mí? Es una pregunta retórica que quiere manifestar ¡cómo es este Dios! El Dios de Israel es un Dios que siempre caminó con su pueblo, lo acompañó en el desierto, lo protegió y le ayudó a conquistar y construir lo que hoy es. Ante la propuesta de David, el Señor le ofrece otra alternativa; el mismo Señor le construirá una casa, una descendencia, un pueblo, en dónde habitará el mismo Dios. Y aquí está nuestra primera clave de este domingo último de adviento, el Señor habita en medio de su pueblo, viene allí, camina allí, vive en medio de la historia de su gente.
Pasemos ahora al texto del evangelio. Este relato lo conocemos muchísimo, es el encuentro de María con el ángel Gabriel; nos parece importante destacar las dos respuestas que tiene la virgen ante la propuesta del ángel. La primera tiene que ver con el asombro que vive al escuchar del ángel que ella iba a ser madre. Si podríamos comparar la reacción y la palabra de María con la de Zacarías que está en el mismo capítulo en la anunciación de Juan el Bautista, veríamos como nuestra madre responde con una actitud abierta y de una fe que interroga, cómo será eso; en cambio Zacarías responde al ángel cómo lo sabré si yo ya soy viejo y mi mujer de edad avanzada con una actitud que necesita comprobar lo que está por suceder. La otra palabra de María confirma lo dicho anteriormente en el texto de II de Samuel; la respuesta de María al ángel no es yo soy la servidora del Señor, sino aquí la servidora del Señor, manifestando que la disponibilidad de nuestra madre es una disponibilidad histórica que se concreta en el aquí y ahora de la vida de su pueblo; su respuesta no es una definición abstracta de lo que ella es, sino una respuesta que se sitúa en la historia cotidiana. Aquí está nuestra segunda clave que queríamos compartir desde nuestra reflexión.
Por último quisiéramos proponerles una tercera clave que unifica los dos textos. Tanto David con su descendencia, y María, se transforman en canales y vehículos de salvación. Y aquí está el aporte significativo que hacen ellos para que la presencia de Dios se reconozca en medio de la historia del pueblo; ellos aceptan transformarse en portadores de la salvación y liberación del pueblo. Que importante será en esta navidad que cada uno de nosotros pensemos y valoremos nuestra misión de llevar esta salvación a nuestros hermanos, porque hemos dialogado con el Señor, porque Él se nos manifestó en nuestra historia cotidiana, y queremos compartirla con los otros con los cuales construimos una historia diferente.

Hna Mariana Zossi OP y Grupo de Reflexión Bíblico (Fundación Elmina Paz –Gallo).
20 de Noviembre 2014

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